¿SER BELLA O SER INTERESANTE?: EL FALSO DILEMA

Publicado por Sher Herrera en

ESCRITORA: SOFÍA LEÓN OÑATE

 

En el ambiente en el que me críe, no fui bella y la forma en que me educaron para relacionarme con la belleza estaba cimentada en ser agradable, deseable y sonreír. Sonreír como mandato para agradar, para mostrarse deseable. En contraposición, decidí fruncir el ceño y apretar los labios. No exhibir los dientes, que desde temprana edad eran definidos como grandes y desviados, de conejo. Reivindicar la rabia y la lectura como una forma de mostrarse interesante y mantenerse distante de los otros. Alaciar el cabello y glorificar la delgadez para acercarme a la belleza aspiracional de quien se sabe por fuera de los cánones hegemónicos, pero en disputa por la atención de otros. Creer, como se cree con fanatismo, en la idea de que la falla de adolecer de belleza, se compensa con ser interesante, ser desafiante.

La belleza era tremenda forma de poder, la forma de poder privilegiada para alentarme a su búsqueda por el sólo hecho de ser mujer. Un poder que no me posibilitaba ser, sino parecer, hacer sino atraer. Estas ideas sobre la belleza me hicieron crecer reforzando de manera contradictoria la dependencia, el narcicismo y la baja estima sobre mi imagen en el espejo. No podía verme como un todo, sino en partes minuciosamente evaluadas y escrutadas: boca, ojos, cabello, cintura, cadera, piel, rodillas, nariz. Como las partes no pasaban la prueba o sólo llegaban a aceptable, decidí mostrarme interesante. Otro performance en que se nos revela la belleza a las mujeres: mostrarse interesante, atrayente, sugestiva mediante la inquietud por el pensamiento, el cuestionamiento permanente y la actitud altiva.

En ambos casos, ser bella o ser interesante, el ideal de belleza –como decía Susan Sontag– me era administrado como una forma de auto-opresión, que para mí encarnaba dolor y culpa. Dolor no sólo por la ausencia de belleza, sino por las formas en que uno asocia las aspiraciones de ser bella con los rituales para alcanzarla: “para ser bella hay que ver estrellas”, “el que quiere marrones, aguanta tirones” y de ahí a poner la salud y la integridad en manos de la aspiración de la eterna búsqueda: dietas, brebajes alizantes, tirones de cera caliente, fajas asfixiantes, etc. Dolor por la ausencia del poder omnisciente: saberlo todo, leerlo todo, conocerlo todo. Dolor por una feminidad centrada en complacer, la mujer conforme, primorosa, hacendosa y dechado de virtudes, que nunca he sido. Dolor por estar lejos de los preceptos de belleza dominantes, que obvio tienen su carga racial y se alejan de la forma en que se ve mi cabello, mi nariz, mis labios, mis muslos, mi estatura.

 

Luego con el auge del ungüento salvador del amor propio, vino la culpa. El capitalismo ya adoptó el amor propio como un producto altamente comercial que nos empaquetan claro en campañas publicitarias, paquetes de masajes, vestuario y productos de belleza, pero también en las relaciones humanas: la solución a una ruptura amorosa, amor propio; el antídoto para las inseguridades, amor propio; la cura para la violencia patriarcal, amor propio. En fin, el amor propio vendido como receta hasta para la pobreza. No me faltaba belleza, ni ser interesante. Me faltaba el ungüento salvador del amor propio. Culpa por no saber amarme, tenerme, cuidarme. Culpa por que no amarse –nos han enseñado– es también no poder ser amada.

Otro falso dilema: el amor propio no es producto adquirido, ni se construye en el yo con yo, en la soledad de la habitación propia. Amarse a sí misma es un proceso que no acaba nunca y que aprendemos en el marco de las relaciones y vínculos que entablamos, en las apuestas estéticas que terminamos politizando y que construimos en colectivo. Entender esto, me reconcilió con esas partes de mí misma que sigo viendo de manera aislada y con la idea de cuidado. Cuidarse es un placer y no un trabajo forzado para alcanzar ideas colonizadoras de cómo deben ser nuestros cuerpos, nuestras vidas. Cuidarse es generar conversaciones incómodas sobre lo que nos atraviesa, cuidarse es construir vínculos de amistad y amorosos saludables, cuidarse también es tener rituales de goce para el cuerpo y estimular los sentidos con aromas, sabores, caricias. Cuidarse es el camino que estoy aprendiendo a andar.

 


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2 comentarios

  • Muy bello Sofy! Esas reflexiones tan interesantes y necesarias para caminar con menos ataduras, con menos dolores para transitar hacia el ser feliz!

    Danny en
  • Wow!!! Me identifiqué con muchas palabras de este artículo. Gracias por esta lectura. Gracias por la sinceridad y por plasmar esa lucha en la que muchas nos encontramos.
    Siempre cuestionarlo todo!
    Sigo buscando encajar las partes que veo en el reflejo de mi espejo, sigo escuchando menos las voces externas y a las internas (las que a veces son más duras que caulquier otra) les estoy invitando a un café para no verlas tan grandes, tan ajenas.
    Gracias de nuevo.

    Laura en

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